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Obsidiana


Por: Carlos I. Aguirre Vélez

 “piedra que actúa como un espejo cuya luz hiere a los ojos del ego que no desea ver su propio reflejo”

La obsidiana, llamada a veces vidrio volcánico, es una roca ígnea volcánica perteneciente al grupo de los silicatos, con una composición química de silicatos alumínicos y un gran porcentaje (70% o mayor) de óxidos sílicos. Su composición es parecida al granito y la riolita. La obsidiana, aunque lo parezca, no es un mineral, porque no es cristalina. A menudo se le clasifica como un mineraloide. Su dureza en la escala de Mohs es de 5 a 5,5. Su peso específico es de 2,6.

En su apariencia física, y de acuerdo con su grado de pureza y composición química, la obsidiana puede ser transparente, translúcida, brillante y reflejante, presentando coloraciones que van del negro al gris, dependiendo del espesor de la pieza y del yacimiento del que provenga. La obsidiana fresca es una roca negra translúcida en las canteras más delgadas, aunque puede variar según la composición de las impurezas del verde muy oscuro al claro, al rojizo y estar veteada en blanco, negro y rojo. El hierro y el magnesio la colorean de verde oscuro a marrón oscuro. Tiene la cualidad de cambiar su color según la manera de cortarse. Si se le corta paralelamente su color es negro, pero cortada perpendicularmente su color es gris. La obsidiana fresca contiene menos del 3 – 4% de peso en agua.

La obsidiana es usada como ornamento pero en ciertas culturas de la Edad de Piedra, era muy valorada, porque con ella se podían hacer cuchillas muy afiladas, usadas como cuchillos, lanzas o puntas de flechas. Puede golpearse con piedras más duras para modificar su forma. La obsidiana también se puede pulir para crear espejos rústicos. También se utilizan cuchillas de obsidiana en las cirugías cardíacas y oculares porque su filo es mucho más delgado que el de los escalpelos de acero, siendo hasta cinco veces más afilados que estos últimos. Los cortes hechos con las cuchillas de obsidiana son más finos y provocan menos daño al tejido orgánico, eso permite que las heridas quirúrgicas sanen rápidamente.

Las culturas mesoamericanas usaron ampliamente la obsidiana para crear herramientas o como ornamento. Al pulirla, los artistas precolombinos lograron superficies reflejantes en las que elaboraron espejos, esculturas y cetros, así como orejeras, bezotes, cuentas e insignias con los que se decoraban las imágenes de los dioses y se engalanaban los altos dignatarios civiles y militares de aquella época. También la usaron para crear armas, como el temible Maqualhuitl o macana y puntas de venablos y flechas; porque al ser muy filosa perforaba y tajaba la piel y la carne con facilidad. Incluso se han descubierto instrumentos quirúrgicos precolombinos hechos de este material. Los habitantes del México antiguo convirtieron a la obsidiana en un excelente material para elaborar instrumentos y armas como navajas, cuchillos y puntas de proyectil así como representaciones de deidades.

Con base en el análisis de los códices Vaticano Latino y Florentino, el investigador Alfredo López-Austin concluyó que, de acuerdo con la mitología mexica, el octavo de los niveles que componen el espacio celeste tiene esquinas de lajas de obsidiana. El cuarto nivel del camino de los difuntos hacia el Mictlán era de un espectacular “cerro de obsidianas”, mientras que en el quinto “predominaba el viento de obsidiana”. Finalmente, el noveno nivel era el “lugar de obsidiana de los muertos”, un espacio sin orificio para el humo llamado Itzmictlan apochcalocan.

Para los habitantes del México prehispánico, la obsidiana tuvo notables aplicaciones medicinales. Independientemente de su efectividad biológica, su utilización medicinal se debió, en gran medida, a la carga de sus atributos rituales y a sus propiedades físicas particulares, tal y como sucedió con la piedra verde ochalchihuitl, llamada comúnmente jade.

Había la creencia, además, de que a causa de su semejanza con algunos órganos como el riñón o el hígado, los guijarros de río de obsidiana tenían el poder de curar dichas partes del cuerpo. Francisco Hernández consignó en su Historia Natural algunos aspectos técnicos y medicinales de los minerales con propiedades curativas.

Todavía persiste la creencia popular de que la obsidiana tiene algunas de las cualidades que se le atribuían en el mundo prehispánico, por lo que aún se considera una piedra mágica y sagrada. Además, por ser un mineral de origen volcánico se le relaciona con el elemento fuego y se considera una piedra de autoconocimiento con carácter terapéutico. Debido a su belleza, a la obsidiana se le atribuyen cualidades esotéricas, tal como lo fue para las diversas culturas que habitaron nuestro país en tiempos pretéritos, cuando era considerada el mítico espejo, escudo generador y poseedor de las imágenes que reflejaba.

Al norte del Estado de México, en el municipio de San Juan Teotihuacan, uno de los pueblos que rodea a la importante zona arqueológica del mismo nombre, se organizo en marzo del 2010 La Feria de la Obsidiana 2010 Teotihuacan y el Festival Internacional de la Obsidiana Teotihuacan 2010, en el cual se llevaron a cabo diferentes actividades artísticas, culturales, muestra de artesanía con el material y se presento la escultura en obsidiana de Conmemoración Nacional por el bicentenario de la independencia nacional de la cual solamente saldrán 800 piezas por manos teotihuacanas.

Datos curiosos:

  • La obsidiana era llamada por los indígenas iztli.
  • En el Códice Florentino se registra sobre la obsidiana: “También decían que si una mujer preñada veía al sol o a la luna cuando se eclipsaba, la criatura que tenía en el vientre nacería mellados los bezos (labios hendidos)… por eso, las preñadas no osan mirar el eclipse, poníanle una navajuela de piedra negra en el seno, que tocase la carne”
  • “Itzapan nantzcaya, la terrible morada de los muertos, donde Mictlantecutli empuña el cetro majestuoso, es la región de piedras de obsidiana, con gran rumor sobre las aguas crujen y rechinan y truenan y empujan y forman tempestades pavorosas”.
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