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La Utilidad del Test de Colores de Max Lüscher en el Diagnóstico Psicológico


Por: Anne Marie Brugmann

El Test de Colores fue creado por Max Lüscher, psicólogo suizo en 1946 y ha sido empleado, por su versatilidad, en una amplia población de características muy diversas. No hay límite de edad para su aplicación, no se requiere de una determinada escolaridad, es aplicable a analfabetas, la administración toma poco tiempo, lo que permite su aplicación en clínica aún a pacientes en condiciones críticas. Para avalar su validez se han llevado a cabo muchas investigaciones.(ver Lüscher).

La prueba original y como test clínico consiste de siete láminas. En la primera o acromática se presentan cinco cuadrados que van del blanco y tres tonalidades de gris al negro. La segunda presenta ocho colores, cuatro que Lüscher denomina “básicos”, rojo, amarillo, verde y azul y cuatro que denomina “compuestos”: café, violeta, negro y gris. La tercera lámina contiene sólo a los 4 colores básicos en diferentes asociaciones. La cuarta presenta combinaciones de diferentes tonalidades de azul. La quinta como la anterior sólo que en tonalidades de verde. La sexta presenta tonalidades de rojo y la séptima tonalidades de amarillo. (Lüscher 1947).

Esta prueba clínica completa no es aplicada en México, probablemente porque no existe la traducción al español de la totalidad de la prueba, ya que como con otros tests la información y divulgación de esta herramienta nos llega a través de los Estados Unidos. Allí se empezó a aplicar y por motivos probablemente pragmáticos, ya que la segunda serie del test completo, la lámina de los 8 colores había demostrado tener un alto grado de sensibilidad y validez, se dejaron a un lado las otras láminas, prescindiendo de una información más amplia. El libro de esta prueba editado en Estados Unidos incluye sólo las ocho tarjetas con los colores fieles a la edición original y la traducción de la interpretación de éstas (Scout, 1969). Desafortunadamente en la edición traducida al español, que es la que esto escribe ha tenido la oportunidad de ver, se incluye un set de tarjetas cuyos colores no corresponden al original de Lüscher y por la distorsión de los colores no cumplen con el poder de estimulación neurológica requerido por el autor y por lo tanto los resultados se invalidan.

La hipótesis de investigación que subyace a la prueba es que la percepción visual de un color penetra por vía óptica, es procesado por los conos de la retina, transmitida por el nervio óptico al núcleo supraquiasmático, aquí la cintilla óptica contornea el pedúnculo cerebral y termina en el ganglio geniculado exterior. Las fibras se separan y se dividen en un grupo externo y otro interno. Una parte, en su vía hacia la cisura calcarina estimula la amígdala y la glándula pineal en el mesencéfalo, para reencontrarse con la otra parte en la corteza occipital. (Área 17 de Brodman) (Busch, L.).

Esto explica que el proceso perceptual del color es de dos categorías: una intelectual que reconoce y asocia la nueva percepción a una información preexistente ya fijada en engramas mnémicos y la otra es una reacción neurohormonal a la estimulación actual, que genera una emoción, un estado de ánimo, un afecto. Por investigaciones previas se parte del supuesto de que la emoción provocada depende del color que se presenta, cada color tiene una fuerza particular.

Lüscher ha podido confirmar en personas, pero también en animales que la exposición prolongada a un color genera un estado de ánimo particular. El azul oscuro que emplea semeja al cielo nocturno, que nunca es negro, y se asocia con descanso, tranquilidad, relajación, adinamia y por tanto tiene una fuerza centrípeta, que se centra en la persona. El amarillo claro es como la luz del sol por la mañana que irradia y mueve a actuar y posee un dinamismo centrífugo. El verde, mezcla de amarillo y azul, representa el dinamismo del amarillo, pero ahora controlado por el azul, es una fuerza que no se pierde, no se dilapida, que se concentra y dirige hacia la consecución de un objetivo, de una meta. El rojo representa la excitación, ya sea porque puede asociarse a peligro, sangre, fuego, pero también exaltación sexual, alegría, euforia, entusiasmo. El violeta es un rojo matizado o “controlado” por el azul, es una excitación que no se desborda, frenada, que no se proyecta en acción, sino que permanece a nivel de fantasía o de ensoñación. Al café le atribuye Lüscher una relación con la autopercepción de un estado corporal. Si se ubica en los lugares intermedios de la serie cumple la máxima de “cuerpo mudo, cuerpo sano”, en los primeros lugares expresa una preocupación por la salud (enfermedad o hipocondría) en el último lugar expresaría negligencia, una persona que no presta la adecuada atención y cuidado a su cuerpo. El negro es ausencia de color, negación de emoción, una persona que tiene un manejo más intelectual y frío de sus relaciones. El gris tiene el mismo valor que el negro sólo que más atenuado, menos obstinado y terco, pero defensivo y hermético cuando aparece en los primeros lugares.

La aplicación consiste en presentarle al examinado las ocho tarjetas de diferentes colores y pedirle que las organice por el grado de predilección, que señale el color que le gusta más en una secuencia hasta el que le gusta menos. El proceso inconsciente consiste en que va a elegir prioritariamente los colores que armonicen mejor con su estado de ánimo y que rechace o conceda los últimos lugares a los colores que lo perturban, le desagradan o le producen incomodidad. La prueba se aplica dos veces con un lapso entre las 2 aplicaciones.

La interpretación consiste en comparar las dos series, constatar la consistencia o divergencia de las mismas y analizar el orden que ocupa cada color en la seriación. Esta seriación es como una Gestalt, una constelación de la personalidad del examinado. Con ocho tarjetas la probabilidad de combinaciones es enorme, de allí que cada serie refleja un perfil con características muy individuales. Sin embargo, estos perfiles se han podido agrupar por categorías con rasgos caracterológicos similares.

Por la facilidad de la aplicación, la posibilidad del empleo a una vasta población sin restricciones, pero sobre todo la sensibilidad de detectar reacciones emocionales, su uso como screening test e incluido en una batería complementaria, se ha ganado un lugar en el campo de la psicología educativa, organizacional y clínica.

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